Si en el anterior post de “El vuelo del hombre” hablábamos de la práctica del parkour, en éste vamos a ir un paso más adelante y nos vamos a olvidar de tocar el suelo; bueno, al menos durante el trayecto.

Siempre nos ha obsesionado el majestuoso movimiento de los pájaros, cómo son capaces de fluir en el aire, deslizarse surcando las corrientes transparentes de aire disfrutando de unas maravillosas vistas y pudiendo eludir los ostáculos situados en el plano. 3D, un nivel superior, una posición superior, más libertad, más emoción, más movimientos, más.

http://www.flickr.com/photos/massimiliano_peana/370370413/

Miles de objetos ha inventado la humanidad para poder emular a esos animales; zeppelins, aviones, helicópteros, parapente, paracaídas, ala delta, cazas, cohetes, naves espaciales, coches que vuelan y un largo etcétera nos dan la oportunidad de movernos por la nada, sin tocar el suelo, sin ataduras y librándonos de la gravedad.

Sin embargo, el vuelo como tal presenta un riesgo tremendo, ya que cuando algo falla, la gravedad no perdona y como el paracaídas falle, ese sentimiento denominado vértigo que habría tenido que superar uno para poder situarse a cientos y miles de metros sobre la tierra, afloraría sin control.

Sopesando pros y contras, cada uno puede tomar una decisión y quedarse tranquilo y cómodo en el suelo, o elevar sus pies y poner distancia de por medio en dirección vertical. Pero para los que no se atrevan siempre habrá un pequeño salto que despertará su curiosidad, como le sucedió a miles de escritores que nos inundan con fantásticas historias donde el hombre evoluciona física o tecnológicamente hacia el cielo.

Ángeles, dioses, personas con poderes, con exoesqueletos, trajes antigravedad, que puedan dominar a animales voladores y subirse encima… la evidencia del deseo es clara. Ese monopatín volador de la serie Reboot… ¿cuándo llegará a la calle?

Por cierto, el vídeo del inicio es de la película “Les chevaliers du ciel” (2005).